La música continuaba sonando. Pero en aquella mesa, el aire se había vuelto denso. Nadie hablaba. Nadie se movía. Solo se miraban, era el silencio más aniquilador qué podría existir en la tierra.
Alexander fue el primero en romper el juego de miradas de ese momento.
—No sabía que cantabas, señora Lacrontte.
Su voz era baja. Controlada. Helen sostuvo su mirada. Ailén al escuchar que Alexander utilizaba su apellido para nombrar a Helen ejerce más fuerza en el suelo con sus tacones.
—Hay mucha