La noche en Jeju tenía una calidez distinta a la del día.
Las luces de la ciudad se encendían como estrellas atrapadas en la tierra, reflejándose en los ventanales del hotel mientras el cielo oscuro envolvía la isla en un silencio elegante.
Dentro de la suite, Helen permanecía de pie frente al espejo.
El vestido rojo caía sobre su cuerpo con una precisión impecable.
No era un rojo escandaloso. Era un tono profundo, sofisticado, como el vino oscuro servido en las mesas donde se cerraban acue