La sonrisa de Lyria permaneció en su rostro mientras se detenía junto a la mesa.
Las concubinas no devolvieron el gesto.
Algunas la observaron con abierta curiosidad, otras con desdén apenas disimulado. Valeria, en cambio, la miraba como si estuviera evaluando un objeto nuevo cuyo valor aún no estaba claro.
—Lady Elinor —dijo finalmente una de las mujeres, una pelirroja de ojos agudos—. No sabíamos que disfrutaba de los jardines.
El tono con el que habló era amable en apariencia, casi cort