Vivian
No sabía decir en qué momento había perdido el control. Un segundo antes, estaba firme, lista para poner un punto final a la cercanía de él. En el siguiente, los labios de Eduardo estaban sobre los suyos —calientes, impetuosos— y todo a su alrededor dejó de existir.
El corazón se le disparó. El cuerpo reaccionó antes que la mente, traicionando cada promesa que se había hecho a sí misma. La presión firme de las manos de él en su cintura, la proximidad sofocante, el recuerdo de años en los