Isa
Finalmente ha llegado un dia con algo de normalidad.
El café huele a canela y pan recién horneado. Es un lugar pequeño, cálido, con mesas de madera clara y ventanales que dejan entrar la luz de media mañana.
Y aunque es un día como cualquier otro, sin acosadores a la vista, estoy tensa.
Me siento rígida al principio, con las manos alrededor de la taza caliente, como si necesitara anclarme a algo tangible para no salir corriendo.
Margaret está frente a mí, removiendo su café con una sonris