Isa
Finalmente ha llegado un dia con algo de normalidad.
El café huele a canela y pan recién horneado. Es un lugar pequeño, cálido, con mesas de madera clara y ventanales que dejan entrar la luz de media mañana.
Y aunque es un día como cualquier otro, sin acosadores a la vista, estoy tensa.
Me siento rígida al principio, con las manos alrededor de la taza caliente, como si necesitara anclarme a algo tangible para no salir corriendo.
Margaret está frente a mí, removiendo su café con una sonrisa tranquila. Se ve distinta fuera de la oficina. Más joven. Más ligera.
Pero esto para ella debe ser normal, yo en cambio solo tuve estas interacciones en la escuela, luego ni me dejaron salir con amigas más de 1 hora.
—Gracias por venir —dice—. Pensé que quizá cambiarías de opinión.
Bueno, empezamos bien porque yo creía lo mismo.
—Yo también lo pensé —admito, soltando una pequeña risa nerviosa—. Pero… necesitaba salir un poco.
No digo necesitaba hablar. Eso todavía me cuesta.
Margaret asiente c