Gabriel
La casa está llena de gente y, aun así, se siente vacía.
Mi despacho nunca había tenido tantas voces al mismo tiempo, y nunca me había resultado tan insoportablemente silencioso. Adrian está apoyado contra la ventana, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa, mirando la noche como si pudiera arrancarle respuestas. Luka camina de un lado a otro, revisando papeles, pantallas, nombres que no dejan de repetirse. Mis padres están sentados frente al escritorio, rígidos, agotados, con el