No me amenaces... esposa
Isa
La puerta se abre de golpe.
Ni siquiera tengo tiempo de reaccionar. Estoy a mitad de movimiento, con la blusa ya a medio camino en mis brazos cuando la voz profunda y molesta de Gabriel atraviesa la habitación como un trueno.
—Isabela, más te vale que no lo hayas dicho en serio…
Me quedo congelada. Él también.
Por un segundo eterno, ninguno de los dos respira.
Estoy allí, con el torso cubierto solo por el sujetador beige, el cabello medio revuelto, la blusa caída a mis pies. Él está en el ma