Gabriel
La puerta se cierra tras ella con más fuerza de la necesaria. La escucho bajar las escaleras arrastrando la rabia como un perfume denso. Y justo cuando el eco de sus pasos desaparece, giro hacia la ventana del despacho y marco el número del jefe de seguridad.
—Quiero informes cada veinte minutos —ordeno sin rodeos.
—Sí, patrón.
—Monitoreen todo: a quién saluda, con quién habla, si alguien se le acerca, si nota comportamientos sospechosos. No quiero sorpresas.
—Entendido.
Entre todas la investigaciones que hice sobre Isabela, no entiendo como se pudo pasar el dichoso tema de la fundación.
Pero, no me ha tomado mucho averiguar y resulta que es verdad. Hace años es voluntaria en un Orfanato y una fundación para niños en condición de pobreza.
Mi teléfono vibra al poco tiempo con el primer mensaje:
“La señora Moretti subió a la camioneta. Rumbo hacia la fundación”.
Perfecto. No puedo confiar en ella, pero tampoco puedo simplemente encerrarla, si voy a usarla, necesito saber todos s