Gabriel
La puerta se cierra tras ella con más fuerza de la necesaria. La escucho bajar las escaleras arrastrando la rabia como un perfume denso. Y justo cuando el eco de sus pasos desaparece, giro hacia la ventana del despacho y marco el número del jefe de seguridad.
—Quiero informes cada veinte minutos —ordeno sin rodeos.
—Sí, patrón.
—Monitoreen todo: a quién saluda, con quién habla, si alguien se le acerca, si nota comportamientos sospechosos. No quiero sorpresas.
—Entendido.
Entre todas la i