Gabriel
Dejó a Isabela en la habitación y me encargo de comprobar yo mismo la seguridad de cada habitación.
Además le doy órdenes explícitas a mis empleados de que, si algo le pasa a mi esposa, van a rodar más de una cabeza.
Con esas palabras flotando en el aire me doy media vuelta y salgo de la mansión sin mirar atrás.
No porque no me importe lo que dejo dentro, sino porque si lo hago, no voy a llegar a donde tengo que llegar.
El aire de la mañana es frío, demasiado limpio para el caos que ll