Han pasado dos días desde la nota.
Dos días completos sin alarmas, sin sobres misteriosos, sin sombras moviéndose donde no deben. Dos días en los que la mansión vuelve a sentirse… habitable. Casi normal.
Casi.
Gabriel está distinto conmigo. Más presente. Más atento. No invasivo, no asfixiante, pero siempre cerca. Como si hubiera decidido que no va a soltarme ni un segundo, aunque no lo diga en voz alta.
Desayunamos juntos. Almorzamos cuando puede. Me pregunta cosas pequeñas: si dormí bien, si m