Gabriel
No debería sentirme así.
Esa es la primera idea que me cruza por la cabeza cuando despierto.
La segunda es que no quiero moverme.
Isabela duerme sobre mi pecho, el peso de su cuerpo ligero pero firme, como si incluso dormida necesitara asegurarse de que sigo aquí. Su respiración es lenta, regular, cálida. Cada vez que exhala, el aire me roza la piel y me deja una sensación extraña en el pecho. Algo que no es deseo exactamente. Tampoco tranquilidad. Es… otra cosa.
Peligrosa.
El brazo que