Isabela
Cuando le pregunté cómo podía ayudar, no me esperaba esa respuesta.
—Necesitamos ojos dentro. Podrías decirnos si hay alguien en quien podemos confiar que nos de información.
Y entonces fue como si toda la realidad de lo que estoy haciendo cayera sobre mi. No solo estaré entregando a mi padre. Estaré acabando con todo su legado porque algo me dice que esto iré mucho más lejos de acabar solo la reputación del hombre.
—¿Qué pasará con la empresa?
Gabriel al escucharme responder con otra pregunta me mira con intensidad y noto el momento exacto en que aprieta la quijada.
—Probablemente vaya a pique luego de que salga todo a la luz. Recuerda que el dueño estará en prisión. Eso no vende mucho que digamos.
Oh Dios mío. Los empleados… son cientos de empleados…
El silencio después de sus palabras pesa más que cualquier grito.
Las luces del Coliseo siguen encendidas, majestuosas, eternas. La noche romana es tibia, elegante, perfecta… como si el mundo no acabara de moverse unos centímet