Maurice Lombard
El vaso estalla contra la pared antes de que me dé cuenta de que lo he lanzado. El cristal se abre como una herida blanca sobre el muro y el licor cae al suelo, lento, espeso, desperdiciado. No me importa. Nada de esto me importa ya.
Camino de un lado a otro de la habitación. El calor es insoportable, pero no abro las ventanas. Quiero que el aire pese, que cueste respirar. Quiero que se sienta así porque así es como tengo el pecho: comprimido, ardiendo, al borde de explotar.
Fab