Todos mostraban rostros solemnes, exceptuando a un hombre alto un poco menos robusto que los demás, muy parecido a su reciente esposo, al
lado de la matriarca, quien le dirigía una
expresión tranquila y relajada. No parecía en absoluto preocupada por estar en territorio compartido con enemigos, ni tampoco se veía asustada o cautelosa ante los demás líderes de las distintas mafias.
La mujer demasiado parecida a una Zarina, se acerca hasta ella y toma sus
manos dulcemente, ante ese gesto casi se