Capítulo 54

Llamo a la gente “rica” cuando son capaces de satisfacer las necesidades de su imaginación (El retrato de una dama, Henry James)

Unas palabras que no pudo entender ni un poco, resonaron en la mente de Adara tan suavemente como un martillo golpeando un clavo. Hizo una mueca por el dolor en la cabeza y trató de llevarse las manos a la cara, pero no respondieron.

<¿Quién te ha dicho que puedes quedarte más de las 6 AM dentro de la cama aún? Al que madruga, Dios le ayuda>

Adara gimió ante el molesto dicho, uno de los favoritos de su queridísimo y respetado padre ludópata.

—Por favor, solo cinco minutos más…

De repente, llegó la claridad.

El aroma a sándalo y vainilla que le picaban en la nariz no era el mismo aroma de su colchón cubierto con sábanas de seda y limón ácido. El dolor sordo que lamía los tobillos no era por haber tenido la mejor noche maratónica de sexo duro al cual había estado acostumbrada antes. Y la voz amonestadora que la instaba a despertar no era la de su padre. No
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