Capítulo 56

De pronto se deslizó por el pasillo, al pasar por mi lado sus sorprendentes pupilas de oro se detuvieron un instante en las mías. Debí morir un poco. No podía respirar y se me detuvo el pulso (La Casa de los Espíritus, Isabel Allende)

El hombre asintió, desconcertado ante las repetidas preguntas de Adara pero, fue Maverick quien seguía arrodillado a su lado, el que respondió.

—Sí, luego de que se te haya liberado del edificio, el lugar explotó incendiando todo a su paso, aunque entraron a sacar
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