De pronto se deslizó por el pasillo, al pasar por mi lado sus sorprendentes pupilas de oro se detuvieron un instante en las mías. Debí morir un poco. No podía respirar y se me detuvo el pulso (La Casa de los Espíritus, Isabel Allende)
El hombre asintió, desconcertado ante las repetidas preguntas de Adara pero, fue Maverick quien seguía arrodillado a su lado, el que respondió.
—Sí, luego de que se te haya liberado del edificio, el lugar explotó incendiando todo a su paso, aunque entraron a sacar