Sebastián cerró la puerta del baño con un clic suave. No dijo nada más. Solo cerró. Y entonces escuché el agua correr. Me quedé allí parada un instante, con el corazón latiéndome en los oídos, todavía con los brazos cruzados sobre el pecho como si eso pudiera borrar lo que acababa de pasar.
Me vestí