Durante un segundo pensé que la había imaginado. Que mi cerebro, todavía sensible después de tantas semanas tensas, había decidido jugarme una mala pasada.
Pero no, ella es serio estaba ahí.
Estaba ahí, apoyada con toda la tranquilidad del mundo junto a una mesa alta con copas de champagne, hablando con el abuelo de Sebastián como si fuera lo más normal del planeta. Como si esa casa fuera suya. Como si nunca se hubiera ido.
Llevaba un vestido verde oscuro que se ajustaba perfectamente a su cuer