Nos quedamos acurrucados un largo rato en la cama, envueltos en la sábana que todavía olía a nosotros y al jabón que no habíamos usado aún. La habitación estaba en penumbra, solo quedaba esa luz violeta que se cuela cuando el sol ya se ha ido pero la ciudad empieza a encenderse allá abajo. Yo tenía la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos que poco a poco volvían a su ritmo normal. Él me rodeaba con un brazo por la cintura y con la otra mano me acariciaba el pelo, despacio, como si