Desperté con el peso familiar de su brazo cruzado sobre mi cintura. El mismo brazo que me había rodeado la primera noche que dormimos juntos en esta cama.
La alarma aún no había sonado, la miré y eran las 5:55, así que la desactivé. Solo se oía su respiración profunda y acompasada contra mi nuca.
Me giré despacio para no despertarlo. Ahí estaba el con el pelo revuelto, barba de dos días, esa arruga entre las cejas que se le formaba cuando estaba en algo importante, así que supuse que estaría so