Me incorporé un poco y dejé que la seda cayera hasta la cintura, luego me lo quité por completo, quedándome solo en bragas y el sujetador que ya estaba desabrochado. Él me miró como si fuera la primera vez, los ojos recorriendo cada centímetro: los pechos, la curva de la cintura, las caderas, las piernas.
—Joder, Chloe… —susurró—. Eres perfecta.
Se acercó despacio, besándome el cuello, bajando por el pecho. Tomó un pezón en la boca, suave al principio, luego succionando con más fuerza, lengua g