Sebastián se quedó apoyado contra la puerta un segundo más, respirando como si el aire se le hubiera terminado. Sus manos seguían temblando cuando se las pasó por la cara, desordenándose el pelo más de lo normal.
—Tus padres están ahí —dijo, la voz quebrada por el pánico puro—. En el salón, con el café, hablando entre ellos. Y mi abuelo está afuera, en la puerta, esperando que le abra. Coño, Chloe, ¿y si entra y les pregunta por la boda? ¿Y si les dice algo como “¿desde cuándo sabían que se cas