La directora López se quedó inmóvil, con la mano todavía extendida a medio camino de saludarme. Parpadeó una vez, como si hubiera escuchado mal.
—¿Renuncia? —repitió, bajando lentamente la mano—. Chloe, siéntate, por favor. Esto… no me lo esperaba.
Me senté frente a ella, con la espalda recta.
—No es una decisión impulsiva —aclaré, aunque en parte sí lo era. La rabia y el cansancio acumulado de los últimos días habían hecho que todo encajara de repente—. Llevo casi cuatro años como secretaria p