Mansión Altamirano
Cuando Lucero llegó a la mansión Altamirano, el ambiente ya estaba cargado de tensión.
El enorme portón de hierro se cerró detrás de su auto mientras ella estacionaba en el amplio patio. Aquella casa había sido su refugio durante toda su vida, el lugar donde siempre creyó que podría volver si todo se derrumbaba. Sin embargo, ese día la mansión se sentía diferente.
Apenas cruzó la puerta principal, escuchó la voz de su padre resonar por el gran salón.
—¡Así que es verdad!
Juliá