Gabriel no lo pensó más.
Se inclinó hacia ella y besó sus labios.
Fue un beso que no pidió permiso. Un beso cargado de todo lo que habían callado, de todo lo que se habían negado… y de todo lo que aún seguía vivo entre ellos.
Lucero cerró los ojos. No pudo resistirse. No quiso hacerlo.
Lo había extrañado.
Había extrañado su forma de tocarla, de mirarla, de hacerla sentir… viva. Había extrañado al hombre que la había transformado, que la había marcado para siempre.
Y en ese instante, todo lo demá