GRACIAS
Una semana.
Siete días viéndola tejer su tela, lenta, precisa, paciente.
Siete días viviendo en esta casa convertida en un campo de minas.
Cada mañana, la misma comedia: su voz dulce llamando a Ezran, sus suspiros frágiles, sus peticiones medidas.
Y él… acudiendo. Siempre.
Ahora me levanto antes que él.
Preparo el café, pongo la mesa, intento mantener el orden de un mundo que se derrumba.
Pero todo parece falso.
Incluso la luz ha cambiado: se desliza diferente sobre los muros, fría, com