MARIUS
El amanecer se estira, pálido, sin promesa.
No he dormido.
Me levanté antes del día, incapaz de soportar el peso de la cama, el aliento de Inés, las paredes del apartamento saturadas de ella y de mi culpa.
Bajo la ducha, el agua helada me azota sin despertarme realmente.
Me visto maquinalmente, camisa blanca, chaqueta oscura, como para uno de esos entierros donde se entierra lo que queda de uno.
El café es amargo.
El mundo afuera parece normal: transeúntes, coches, un cielo casi azul.
Pe