ÉZRAN
Gracias descansa por fin, su respiración acompasada por los medicamentos. Contemplo su rostro apaciguado, un bálsamo sobre la herida viva que la revelación de Marius ha reabierto. Nuestro hijo. Ese dolor mudo que cada uno llevaba por su lado, sin saber que llorábamos la misma pequeña llama, apagada por la misma mano criminal.
En mi despacho, la noche es mi aliada. Liam está de pie frente a mí, su calma habitual teñida de una gravedad nueva.
—Marius ha presentado una denuncia. Los policías