INÉS
La jornada había empezado tan bien. Una sesión de compras furiosa, la embriaguez del poder después de haber urdido nuestro plan con Lidia. Me sentía invencible, una diosa moviendo los hilos en la sombra. Había vuelto al apartamento que compartía con Marius, con el ánimo ligero, ya saboreando la caída de Gracias.
Luego, el mundo se había derrumbado.
Mi teléfono había explotado con mensajes de «amigas» cuyas voces estridentes gritaban al escándalo, a la traición. El enlace del vídeo. Ese mal