INÈS
La sala solo tiene la luz de la televisión. Las imágenes de Ezran llenan la pantalla: su silueta erguida, sus ojos ardientes, su voz que corta el frío de la mañana como una espada. Los periodistas repiten sus palabras, los destellos estallan, la multitud guarda silencio bajo su juramento.
Y yo... miro, inmóvil, luego sonrío. No es una sonrisa suave, no es una sonrisa ligera, es una sonrisa cortante, que se alimenta de este caos.
Ezran habla de dolor, de justicia, de venganza. Cada sílaba l