GRACIAS
Todavía estoy adormilada, prisionera de un sueño agitado, cuando un ruido discreto me saca de los limbos. Una puerta que se cierra con cuidado, un paso medido en el pasillo. Abro apenas los ojos, el corazón pesado, el cuerpo entumecido. La luz de la mañana filtra a través de las cortinas, suave, lechosa, y creo seguir soñando cuando su silueta se dibuja en el umbral.
Ezran, se acerca sin una palabra, como si temiera perturbar la frágil paz de la habitación. Su andar es lento, contenido,