INÉS
La sala está helada a pesar de la luz suave que atraviesa las ventanas. El olor a papel, tinta y cuero nuevo se mezcla con el pesado silencio. La mesa de conferencia parece un campo de batalla donde cada bolígrafo es un arma, cada firma una bala disparada.
Gracia se sienta frente a mí, con una elegancia implacable. Su traje oscuro se ajusta a su figura con una seguridad casi provocativa. A su lado, el hombre. Este desconocido que no ha dicho nada desde el principio, que observa todo con una distancia helada. Sus ojos no traicionan nada, ni siquiera una chispa de duda.
Marius fija la mirada en el documento frente a él. Su mano tiembla ligeramente, pero se esfuerza por mantener una postura erguida. Lo conozco demasiado bien: esta rigidez es su armadura, la que lleva cuando siente que se está desmoronando por dentro.
El abogado empuja suavemente el contrato hacia Gracia. Ella toma el bolígrafo, lo hace girar entre sus dedos como una bailarina que saborea el último paso. Luego, con u