INÉS
La sala está helada a pesar de la luz suave que atraviesa las ventanas. El olor a papel, tinta y cuero nuevo se mezcla con el pesado silencio. La mesa de conferencia parece un campo de batalla donde cada bolígrafo es un arma, cada firma una bala disparada.
Gracia se sienta frente a mí, con una elegancia implacable. Su traje oscuro se ajusta a su figura con una seguridad casi provocativa. A su lado, el hombre. Este desconocido que no ha dicho nada desde el principio, que observa todo con un