INÉS
El aire de la habitación de hotel está perfumado de burbujas y promesas, pero algo pesa. El champán burbujea en las copas, un destello brillante, casi cruel, que contrasta con la gravedad de lo que acaba de suceder. Miro a Marius acercarse a la mesa, copa en mano, sonrisa en los labios, pero está ausente. Su mirada no está aquí, está perdida, prisionero de un laberinto de pensamientos que no logro atravesar.
— Por nosotros… susurro, un poco incierta, levantando mi copa.
Él toma la mía, nuestros dedos rozándose, y un escalofrío me recorre. Pero su sonrisa permanece fija, casi ausente, como una fachada que se esfuerza por mantener.
— Sí… por nosotros, murmura, pero sus ojos se pierden en el vacío, y siento un frío glacial deslizarse en mi pecho.
Me acerco y coloco mi mano sobre su brazo. Su piel está caliente, pero siento su tensión, esa rigidez que no controla. Su respiración es corta, sus músculos tensos, y entiendo que aún está luchando con su propio demonio.
— Piensas en él, ¿v