GRACIAS
La puerta de la oficina se abre hacia un silencio casi solemne. El aire es helado, casi quirúrgico. Tres años de recuerdos, de discusiones, de noches robadas, de promesas susurradas entre estas paredes… y ahora, todo debe condensarse en un simple pedazo de papel que voy a colocar sobre esta mesa. Una firma, y todo habrá terminado.
Me acerco, los tacones resonando sobre el parquet pulido, y siento que mis manos tiemblan ligeramente a pesar de mí misma. El bolígrafo en mi mano parece de r