Mi abuela volvió a su asiento, y con un gesto severo, indicó que todos debían sentarse nuevamente.
—Seguiremos discutiendo esto más tarde —anunció, mirando especialmente a mi padre—. Por ahora, voy a comer, no quiero que se hable de esto aquí, iremos a mi despacho al terminar, Zara trae mis medicamentos de la presión. Este es un momento importante, y debemos procesarlo juntos.
—Si, su majestad, enseguida.
El ambiente seguía tenso cuando las puertas del comedor se abrieron de golpe, revelando a