Si, estoy definitivamente loca, por no medir mis palabras por la desesperación.
El silencio que siguió a mi confesión era tan absoluto que casi podía escuchar cómo los pensamientos de todos daban vueltas en sus cabezas. Mi hermosa declaración, tan valiente como precipitada, había caído como un rayo en medio de una tormenta ya de por sí complicada. Si bien esperaba reacciones fuertes, no estaba preparada para el nivel de caos que se desató.
La abuela dejó caer su cuchillo al plato con un tintine