Capítulo 65. La justicia siempre llega.
Asustada Aimé iba a levantarse, pero Ader no la dejó ir, la giró dejándola debajo de él, la abrazó apretándola con fuerza.
—No huyas de mí, por favor —le susurró al oído con voz ronca, ella sintió su cuerpo estremecerse con una especie de corriente eléctrica.
—Yo… no quiero…—susurró con voz entrecortada.
Él tomó su rostro y se quedó viéndolo fijamente como si estuviera tratando de comprobar la veracidad de sus palabras, Aimé se sintió nerviosa quiso bajar su mirada, pero él no lo permitió.