Capítulo 68. Mirada de horror.
Ader no paró de besarla, acariciando su cuerpo duro con urgencia. Temía volver a perderla, y si eso pasaba se hundiría en un hoyo de sufrimiento y angustia, no quería volver a vivir ese infierno nuevamente, de estar separada de ella, no tenerla a su lado.
Aimé arqueó su espalda, libre del control de su mente, solo la pasión dirigía sus actos en ese momento.
—Sí, vamos a hacerlo —pronunció con un ronco tono de voz, mientras él asentía con la cabeza, dispuesto a tenerla.
Él se movió, besándola co