René Chapman
Debo confesar que el hecho de visitar a mis suegros me ponía un poco nervioso. Pero no por mí, sino por mi esposa.
—¿Cómo me veo? —preguntó
Llevaba alrededor de veinte minutos mirándose en el espejo.
—Te ves estupenda. Sin importar la ropa que lleves o el peinado que uses, era hermosa y perfecta para mí
Ella me miró a través del espejo.
—Ya veo por qué dicen que las reconciliaciones son dulces.
Su comentario me hizo soltar una gran carcajada.
—A veces olvido lo extremadamente sinc