Ivette Russell
Sabía que este momento llegaría, pero yo quería retrasarlo lo máximo posible.
—¿O es que acaso estás tomando esas píldoras?
—No... como crees. —Reí con nerviosismo.
—Entonces, ¿Será que soy yo el del problema?
La cara de aflicción de mi esposo es totalmente descomunal y eso me destrozada el corazón.
—No creo que nada esté mal contigo, René. Creo que... la del problema soy yo.
Por no decir que estoy segura de ello.
—¿Por qué dices algo así? —cabeceó.
—Por todas las palizas que me