Ivette Russell
—¿Ivette?
—Mamá.
Como si hubiese accionado un botón imaginario con mi voz, los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.
—¡Ivette! —volvió a repetir, saliendo a mi encuentro—. Oh, hija. Sabía que vendrías, sé que no podrías soportar ver la miseria en la que ahora están tus padres y…
—Mamá —interrumpí—. Por favor, no te hagas ideas equivocadas sobre esta visita. Sólo estoy aquí por mi rol de madre.
—¿Qué? —su mirada se desencajó, quedando sus lágrimas momentáneamente pausadas.
—¿D