Ivette Russell
Tal vez con Giuseppe no haya tenido elección, pero en el pasado, vaya que si tuve oportunidades de conocer hombres que jugaban a ser coquetos.
—Usted debe ser nuestra agente de bienes raíces, ¿No?
—Si, y usted debe ser el presidente Chapman.
—Solo René, por favor —dijo con afabilidad—. Y ella es Ivette, mi prometida y la dueña de mi corazón.
Estuve a nada de ahogarme con mi propia saliva.
—¿Está bien? —espetó la mujer, mirándome con mucha preocupación.
—Si… perfectamente. —Me rec