René Chapman
Tal vez no debí tomar ese último trago antes de marcharme del apartamento de Ivette. Pero después de las cosas tan cursis que había dicho, es lo que menos que podía hacer para enjuagarme un poco la boca por todo el dulzor.
—Vamos, amigo. En serio te ves fatal.
Maldito Julius Zanatta.
—¿No tienes casos pendientes? —pregunté, después de engullir el analgésico que mi secretaria me ha conseguido.
—Si esto es lo que ha pasado en el primer día de divorcio, no me quiero imaginar como será