Ivette Russell
—Ya estás lo suficientemente enojado conmigo, no te daré más razones para que sigas peleando.
—Ay, por favor. —Blanqueó los ojos—. ¿Pelear yo? —Apuntó con un dedo directo a su pecho—. Defiendo mi punto, ¿A eso es a lo que le llamas pelear?
—Como sea —dije más bajito, disponiéndome a marcharme.
—¿A dónde vas? —Se interpuso en mi camino.
—Tan lejos de ti como me sea posible, ¿No es obvio?
—Comprendo —chasqueó la lengua —. Eso es lo que las alimañas hacen.
Mi boca se abrió en una pe