Ivette Russell
Sentí un enorme vacío en mi pecho y una gran decepción al despertar y no ver a René a mi lado.
Desde anoche que se ha ido, no supe de él y tampoco intenté contactarlo.
Pasé las primeras horas de la mañana mordiéndome las uñas, hasta que finalmente la puerta principal de la villa se abrió y René atravesó por ella.
Un tic nervioso hacía que me saltara el ojo izquierdo, como producto del estrés y la preocupación.
—Buenos días.
El desfachatado se atrevió a rodearme por la cintura, pa