Ivette Russell
La vergüenza que sentía en este momento, no se comparaba en nada con la rabia e impotencia.
La mano que sostenía el teléfono temblaba como si de un terremoto se tratase y aunque me aterraba lo que veía, tampoco podía para de verlo.
—Detente.
Una voz fuerte como un trueno me hizo volver a la realidad.
»—¿Qué sentido tiene que lo mires una y otra vez?
Julius me arrebató el teléfono de las manos, manteniéndolo completamente fuera de mi alcance.
—¿Q-qué...?
Mi respiración se cortó.
—