René Chapman
Tener una venda en la cabeza no fue impedimento para ir a la oficina la mañana de hoy.
—Sr., disculpe que me entrometa, pero, ¿No debería estar en casa descansando?
Mi secretaria me miraba con una monumental cara de preocupación.
—Estoy bien, no te preocupes. Apenas y ha sido un pequeño golpe —mentí.
—Cancelaré sus juntas de la tarde, ¿Le parece bien? —arqueó las cejas.
—No.
La miré con cara de pocos amigos, deseando de todo corazón que se sintiera lo suficientemente avergonzada co