Capítulo 8

POV de Santiago

El vínculo se tensó de golpe, como un alambre llevado al punto de ruptura.

Dolor. Miedo. Luego nada.

Lucia.

Bajé el último escalón corriendo y ni me molesté en frenar cuando el corredor se estrechó. Mi hombro chocó contra la piedra, desgarrando la piel. No lo sentí. El mundo se había reducido a una sola verdad: ella estaba aquí y se estaba desvaneciendo.

El subsuelo respiraba podredumbre. El aire húmedo se aferraba a mis pulmones, pesado y agrio. La luz de las antorchas parpadeaba contra muros marcados por la edad y el abandono, revelando puertas que nunca debieron abrirse, lugares destinados al olvido. Me moví a través de ellos como una tormenta con piernas, las botas golpeando la piedra con fuerza suficiente para resonar.

Oí voces.

Risas.

Ese sonido rompió algo salvaje dentro de mi pecho.

Doblé la esquina y vi a dos guardias holgazaneando frente a una puerta de acero, relajados, con las armas flojas en las manos, como si no estuvieran custodiando a un alma viva. Como
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