Eres mía, solo mía

Abigail cerró los ojos al sentir su cercanía de Rafael sobre ella. Era débil, y era obvio que él lo notaba.

Su cuerpo comenzó a temblar, Rafael bajó una de sus manos hasta la espalda baja de ella.

Su respiración era caliente, y la golpeaba con fuerza. El susurro de su voz directamente en sus oídos, funcionaba como la estrategia perfecta para que ella pudiera estar completamente desarmada.

—Cada puto día que pasa me estoy volviendo loco por ti… por besarte, por hacerte mía, por tenerte solo po
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