51. LLamadas
Martha
Los días pasan dolorosamente lentos y no sabía cómo comunicarme con Gio para advertirle y que no se le vaya la lengua, aquí estoy más vulnerable, ¿a dónde puedo correr encerrada en este lugar con una directora que acepta pagos para hacerse de la vista gorda?
Estoy en la lavandería y todos me ven haciendo mi trabajo lo más relajada posible casi como si nada pasará. Casi.
—¡Hey! ¿señora Martha? —me susurra una chica a mi derecha— ¿Estás bien?
Levanté la mirada y la vi bien, es la muchacha